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Un mundo, múltiples sociedades

“Me he atrevido a darle otro nombre a la sociedad, quizás es mejor llamarla sociedad de la formación, que no es otra cosa que diálogo”, dijo la profesora Raisa Urribarrí al proyectar las últimas diapositivas en la pizarra blanca que le servía de telón. En aquel salón de la villa universitaria del NURR estaban reunidos poco más de 10 estudiantes sentados en hileras detrás de unos monitores que por ratos impedían mirar directamente a la profesora.

No puedo negarlo, en un principio la afirmación de la profesora me dio risa; no por su postulado, el cual me pareció muy acertado, sino porque me di cuenta que a lo largo de mi vida me han cambiado la sociedad un sinfín de veces. Primero escuché decir que estábamos en una sociedad de masas, luego me dijeron que era una sociedad de la información debido a la incidencia de los medios de comunicación social, para después plantearme una sociedad de la comunicación donde el intercambio de emisor y receptor es fundamental y, por último, resulta que la profesora le da el adjetivo formación a la sociedad, a través de un enfoque hermenéutico que vislumbra un análisis interpretativo y coloca como fundamental el diálogo en el modelo ideal de sociedad.

En realidad no es que le han cambiado el nombre, sino que esta sociedad en la que estamos inmersos ha evolucionado y está evolucionando tan rápidamente que muchas veces no nos da tiempo ni de parpadear porque corremos el riesgo de perdernos algo nuevo.

Los avances tecnológicos han constituido un paso importante en la evolución del espacio público en el que nos desenvolvemos. La irrupción del internet en el mundo, y principalmente después de la llegada de la web 2.0, ha permitido (en teoría) que esa sociedad de masas inerte, al que nos habían relegado los teóricos, despertara y contara con las herramientas para activar las distintas voces que confluyen en el mundo.

Con la Web 2.0 inevitablemente observamos un cambio en la manera de relacionarnos, el espacio público se fragmenta y ya no sólo hablamos de un espacio físico sino también de uno virtual; en el que las personas se relacionan con un rango de acción más amplio. Todo esto lleva a sumar un nombre más a la lista de sociedades a las que he pertenecido, un tipo de sociedad que, en vez de un adjetivo, tiene un prefijo que la condiciona; es el caso de la llamada Cibersociedad.

La Cibersociedad en sí no se opone a la sociedad de la formación, acuñada por la profesora Raisa, sino que la primera está inserta en la segunda. La sociedad de la formación habla de diálogo y de intercambio y la mejor plataforma que existe para hacer esto es la Web. La instalación de cibersociedades permite una verdadera democratización de la información, cada persona puede ser generadora de contenidos y contar con un público global, pero a su vez también ser receptora de multiplicidad de informaciones; los papeles de emisor y receptor se desdibujan, para crear un verdadero intercambio, un verdadero diálogo.

El salón se mantiene frío, los que estamos detrás de los monitores tratamos de levantar la cabeza de vez en cuando para ver a la profesora, quien continúa hablando de la sociedad de la formación, entretejiendo sus ideas y reconociendo en una de ellas que a esa utopía de la sociedad dialógica aún le falta camino para concretarse. Y es que aún se notan las brechas que existen entre los países desarrollados y los que no lo son, grupo al que lamentablemente Venezuela pertenece.

En esta democracia de la web 2.0 sólo entra el 30% de los venezolanos que tienen acceso a internet, entre quienes algunos participan como emisores-receptores y otros sólo se conforman con observar. Todavía no podemos hablar de una democratización del conocimiento, de la información, de la comunicación o de la formación cuando más de la mitad del país está desprovista de este recurso. Entonces ¿qué sociedad somos? Quizás dentro de una sola sociedad confluyan todas; quizás una parte, la mayoría, sea una sociedad de información y el resto se esté jugando la opción de convertirse en una sociedad de la formación.

Tal vez algún día a la sociedad de la información le quitemos el “in” y podamos decir que la sociedad de la formación es la primera utopía que se consolida en el mundo.

Ariana Briceño Rojas

Ariana Briceño Rojas

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