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viernes, 28 de febrero de 2014

Perdigones y leche


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Llegó un camión!! grita mi mamá desde la ventana. Corro. Miro. Es cierto. Es grande. ¿Cómo pasó? es lo primero que se me viene a la mente. Después de tres días de barricadas y con todas las calles trancadas un camión se estaciona frente al abasto de los chinos, frente a mi casa. 
Hago inventario en mi cabeza rápidamente. Papel compramos hace ya una semana. En esa oportunidad tuvimos suerte, tres paquetes por persona, tan sólo Bs 55. En total trajimos doce, mi papá y yo pasamos dos veces. ¿Harina? Hay harina, sólo tres kilos... pero hay harina. ¿Jabón? También tenemos reserva, sin embargo mi madre sigue diciéndome que le eche menos Ariel a la lavadora, porque uno nunca sabe hasta cuando alcance. 
¿Leche? ¿Será que es leche? Ojalá sea leche. Cómo me hace falta la leche. Tengo días con ganas de tomarme un Toddy bien frío, con mucho hielo y mucha leche.

Suena el teléfono. "¿Me dijeron que llegó un camión?". Es mi tía. Vive en la misma urbanización, pero más lejos del abasto, pero una amiga de una amiga le dijo a una amiga que la llamó que había llegado un camión. 
Me quito la pijama y me visto. No encuentro el pantalón que me gusta, ese que está viejito y sólo me pongo para ir al abasto. Busco otra cosa. No hay que desperdiciar tiempo. La cola ya se forma. 
Llego al final de la fila y el camión ya está descargando. "Es papel", dice la mujer que está de primera en la fila. Yo quería que fuera leche. 
Suenan tiros, de esos que no sabes de dónde vienen. La gente no se mueve de la cola. Seguro son los muchachos de las barricadas haciendo bulla para que venga la policía. Me venden sólo dos paquetes de cuatro rollos, el procedimiento es rápido. La gente lleva el pago exacto y la cola fluye. 

- Ya van a trancar el paso. ¿Dónde estás? 
- Voy llegando -me dice mi papá al otro lado del teléfono. 

Se escuchan las sirenas de la policía. Parece que viene también la Guardia. Mi papá llega al apartamento con una bolsa y en ella trae leche. Mientras suenan los primeros perdigones agarro la licuadora para hacerme un Toddy. Echo el agua, coloco la leche. Ya viene la tanqueta. Mi tía llama. Un motorizado está disparando a su edificio. Una bala entró al cuarto piso. Las piedras y los perdigones van de un lado a otro. Miro a la ventana. La gente está sobre las azoteas. La batalla empieza. El Toddy se me olvida. 


martes, 14 de enero de 2014

Venezuela: La mala de la clase



Es un tema delicado, polémico, incómodo. La publicidad de "mala conducta" que se ha llevado Venezuela en la última semana ha hecho que sus propios representantes en otros países estén renegando de ella. Sin ánimos de caer en fanatismo nacional, el cual no es más que un grillete para el progreso de cualquier país y un arma que utilizan los políticos para ganar elecciones, de verdad son lamentables las declaraciones de algunas personas que aseguran que no volverán a pisar el país en que nacieron.
Sí, es cierto que la inseguridad nos está desangrando, es cierto que el crimen contra Mónica Spear y su esposo fue lamentable, doloroso, injusto (como todos los crímenes, como todos nuestros muertos), pero también es cierto que en este país no todos somos malandros, no todos somos tracaleros, no todos somos asesinos a sangre fría esperando con un arma para matar a cualquiera y no a todos los que viven en un barrio venezolano hay que tenerles miedo. La mayoría sonríe, la mayoría se para temprano a trabajar, la mayoría se preocupa por el vecino cuando está enfermo y la mayoría te cuenta un chiste de cualquier cosa para alegrarte el día.
Sin embargo, tenemos problemas, muchos problemas y lo primero es reconocerlos. Cargamos con los féretros de nuestros muertos, con la delincuencia de nuestros jóvenes, con la cola es nuestros supermercados, con nuestra inflación, con nuestro desempleo. Cargamos con todos estos problemas que son nuestros y solo nuestros.
Decir que no reconoces a Venezuela, que no quieres saber nada de ella, que ya no es tuya y que ya no la quieres es completamente válido, pero irremediablemente fácil. Es como un maestro que tiene un niño que se porta mal y lo hace sentar al final del salón para no verlo, para que no interrumpa, para que no se mezcle con los buenos. La salida sencilla es dar la espalda al problema, esconderlo, maquillarlo, adornarlo con bombos y platillos para que no se vea tan feo.
La salida fácil nos hundió más en nuestros problemas. Es cierto que la continuidad en malas decisiones políticas han ayudado a que lleguemos a donde estemos, pero también es verdad que siempre fue más fácil dejarle toda la responsabilidad al gobierno. Nos hicimos los ciegos, nos vendamos los ojos. No le preguntamos a nuestros hijos de donde habían sacado ese dinero, por qué tenía más creyones en la cartuchera, ni por qué no hacían su tarea. Se nos olvidó que la enseñanza no se da sólo en la escuela, no nos involucramos, no nos quejamos con suficiente fuerza, no creamos suficientes organizaciones para prevenir la delincuencia y avalamos muchas políticas que han incrementado el desempleo.
No podemos criticar a los que se fueron, a los que se quieren ir o las que no volvieron. Quizás tú y yo haríamos lo mismo, quizás muchos quieran correr con la suerte de los que ahora están lejos. Sin embargo es lamentable escuchar a muchos hablar solo mal de Venezuela sin aportar una posible solución a los problemas. Es que es más fácil divorciarse que arreglar las diferencias, porque para que una pareja pueda reconciliarse lo primero que tienen que mirar es sus miserias, reconocer lo que cada uno hizo mal, lo que cada uno dejó de hacer, lo que aportaron para llegar a esta situación y lo que aportarán para salir de ella. Y si después de hacer esto aún nos queremos divorciar de Venezuela, hay que hacerlo con dignidad, sin pisotearla ni denigrarla con los demás. Siempre reconociendo que todas las cosas buenas o malas que se vivieron en ella te proporcionaron la posibilidad de crecer, hacerte más fuerte e impulsar tu vida y tu carrera.

viernes, 10 de enero de 2014

Mónica Spear y el entierro de un país



Hubo de todo. Flores, trajes negros, cámaras, lentes oscuros, familiares con el pecho destrozado de tanto sollozar, amigos que lanzaban flores y curiosos que se atrevieron a ir como un pueblo que despide a su reina.
También hubo lágrimas, muchas lágrimas. De las más duras, de las que astillan el alma. Esas incontrolables. Esas inconfundibles. Lágrimas de muerte. Lágrimas de adiós definitivo, de ese adiós que se esconde en el atardecer de un entierro.
Pero la tristeza no estaba sola. La tristeza tomó de la mano a la arrechera. Sí, arrechera con el alma, arrechera e impotencia. Esta tarde no enterraron solo a Mónica, también enterraron a los que vinieron antes, a los que se lloraron menos, a los que no tuvieron cámaras ni micrófonos, a los que borró el tiempo.
Nos asomamos al ataúd y lloramos, y es que no la vimos a ella, nos encontramos con un espejo, nos vimos reflejados, nos vimos vulnerados. Después de enterrar a miles de los nuestros que fueron asesinados por fin nos atrevimos a mirar dentro de ese cajón frío, a mirar a nuestros muertos.
Les quitamos los números y les vimos el rostro. Recordamos sus ganas de vivir, sus ganas de triunfar, sus ganas de reír. Y es que ya ni siquiera respetan a una reina.
Nos dimos cuenta que probablemente vendrán muchos más muertos. Entendimos que podemos ser parte de ellos. Lloramos, gritamos, nos indignamos y lo peor de todo, nos atemorizamos. El miedo arropa a quienes se fueron y pensaban venir al país, y las ganas de largarse a probar suerte en alta mar intensificaron la búsqueda de postgrados y cursos de idiomas en el extranjero.
Fue como un golpe en la cara. Fue como la mujer que por fin reconoce ante la gente que el esposo le pega. Fue un insulto al "Chévere" que adorna el nombre de nuestro país en las vallas publicitarias que vemos al llegar a Maiquetía. Porque Mónica era chévere, tan chévere que vino a pasar Navidad con su familia, tan chévere que prefirió viajar por Venezuela. Fue tan chévere que hasta después de su muerte aportó un grano de arena a la unión del país. Logró que volteáramos a ver el problema de inseguridad. Logró que la tristeza de Manuel Sosa (su revolucionario compañero de telenovelas), se confundiera con la de su amiga Norkys Batista (fiel opositora a este gobierno). Pero lo más importante es que logró lo que muchos quisimos ver hace años: Que gobernantes de oficialismo y oposición se plantearan trabajar juntos por Venezuela.

jueves, 9 de enero de 2014

La culpa de Mónica Spear


La culpable de todo es ella, sin duda. También del hampa, claro. Pero principalmente ella. Pobrecita, tan joven, tan bella, con tanto futuro, con un esposo tan bello y con una hijita tan pequeña. Ay la hijita, cada vez que pienso en la hijita se me rompe el alma. Tan pequeña y sin padres, y ver cómo los mataron esos malandros. Que pecado. No hay derecho -dice moviendo la cabeza de lado a lado como un péndulo-.
Hijo pero es que en cabeza de quien va pasar por esa carretera tan de noche, tan oscuro, eso es una boca de lobo. Yo me acuerdo una vez que pasé por ahí tarde y a mí me temblaba todo, pero gracias a Dios no pasó nada, pero eso sí, le dije a Juan que más nunca hacía eso. Es que hay que tener cuidado, las cosas ya no son como antes, nada es lo mismo y uno tiene que estar precavido.
Y venirse a quedar accidentados allí, eso sí es tener mala suerte en la vida, que en paz descanse. Claro, estaban allí y los vieron esos malandros condenados y fue fácil. Yo digo que seguro fue que se resistieron al atraco y por eso los mataron. Es que uno no se puede poner con eso, yo estoy ya mentalizada que si a mí me van a atracar yo les doy todo. Como será que a veces me da miedo salir de la casa limpia en el bolsillo, porque pienso que si me atracan y no tengo nada me pueden joder.
Yo siempre les digo a mis muchachos que se cuiden, ellos cargan ahorita un celular de esos nuevos y salen también con el otro viejito, por si acaso los roban por ahí, entonces entregan el celular feo. Yo igual no me confío en eso, y les digo que la vida vale más que un teléfono, por más bonito que sea. Y es que mira lo que les pasó a esa muchacha, tan bonita que era.
Yo tengo una amiga que le mataron al hijo hace un año, también era joven y buen mozo. Se iba a casar y todo, pero fueron a robarlo llegando a la casa para quitarle el carro y no lo quiso dar, le metieron dos tiros y lo dejaron dentro de la camioneta. Ni siquiera se la llevaron. Y fue aquí en la ciudad, no en ninguna autopista de esas grandes como la que estaba la actriz.
Tan buena actriz, pobrecita, hasta mi esposo veía la novela, decía que era muy bonita y a veces yo me ponía brava -sonríe-. Pensar que ella ya no estaba aquí, que vino fue de visita es lo más triste de todo. Si se hubiera quedado por allá estaría vivita y coleando. Pero cómo se hace. Supuestamente y sí van a investigar esta vez y van a conseguir a los culpables. Capaz sí, porque como ella era famosa. Pero el hijo de mi amiga nada de nada. Ese muerto se quedó así. Ya ella no va a la fiscalía porque sabe que va a perder el tiempo. Aquí nadie paga muertos, a menos que sean famosos como la muchacha Mónica, pobrecita.
Ojalá y su muerte sirva de algo. Viste que hasta Capriles y Maduro se dieron la mano en esa reunión. Yo no lo podía creer, tanto que han hablado el uno del otro y se vienen a dar la mano como si nada hubiera pasado. Bueno sí pasó, la muerte de la muchacha. Por eso digo, ójala y su muerte sirva de algo, porque por el hijo de mi amiga nadie se dio la mano, nadie hizo un plan de seguridad, nadie se puso a llorar, más que su familia, pobrecita su familia, como sufrió.
Pero acá entre nos, pienso que la preocupación por la seguridad va a durar lo que dure el duelo por la miss. Aquí olvidamos rápido. No ves a Maduro y a Capriles agarrados de la mano, bueno aunque si es para mejor...
Bueno hijo por aquí me bajo, déjame aquí por el supermercado que parece que hay leche. Mira la cola. ¿Cuánto te debo? ¿Nada? Bueno, Dios te pague. Y no trabajes hasta tan tarde con la camionetica que mira que la cosa anda peligrosa y no hay que darle chance a los malandros. Bueno pues, chaito. Saludos a Rosa.


miércoles, 4 de mayo de 2011

Sandra Delgado. Fundadora del IRFA en Trujillo. “Deseo que el IRFA siga siendo una posibilidad para la gente”



Algunos estudiantes se encuentran sentados en círculo en un amplio salón de clase del Colegio Fe y Alegría de Valera en el estado Trujillo; hablan, se ríen y comentan los cuentos que leyeron de Horacio Quiroga. Sentada en una mesa junto a ellos está la profesora, una mujer de mediana edad que lleva su cabello negro recogido y tiene un aspecto sencillo y amigable. Ella dirige la conversación que poco a poco se va pareciendo más a una reunión de amigos que a una clase de literatura del 4to año de bachillerato.

Ya hace dos años que Sandra Delgado trabaja como profesora de las materias de Literatura y de Educación para el Trabajo en esta institución; aunque su relación con el Fundación Fe y Alegría tiene mucho más de este tiempo. En el 2000 se le confirió la gran tarea de fundar el Instituto Radiofónico Fe y Alegría (IRFA) en el Estado.

Para referirse al IRFA la profesora Sandra aún habla en primera persona. Su vínculo con la institución sigue latente a pesar de haber dejado su coordinación en el 2010; habla con orgullo de lo que este programa representó y representa para las personas mayores que no están escolarizadas.

“El IRFA es un programa de Fe y Alegría. Somos el mismo movimiento de educación popular, el mismito. El mismo que creó el padre Vélez quien fue al que se le ocurrió la maravillosa idea de que si se le estaba ofreciendo educación a los niños; entonces a las mamás, los papás y los hermanos mayores también se les podía ofrecer esta posibilidad” comentó la profesora.

¿Por qué el nombre de radiofónico al instituto?

- Cuando nosotros empezamos en el 2000 el IRFA ya tenía mucho tiempo en Venezuela, y la gente lo que recordaba de él era que empezó con clases por radio. La persona tenía un libro y se dictaban las clases a través de las emisoras a una hora específica. Pero como no hay radio en Trujillo se tuvo que pensar en otra forma. Y entonces empezamos con los centros; primero se les daban los casetts y después empezamos a captar voluntarios para que prestaran horas de su tiempo para dar clases los sábados a los estudiantes del IRFA.

Retomando raíces

Cuando en el 2000 el licenciado Carlos Krisch, fundador del IRFA en la región de los Andes, habló con la directora del colegio para buscar un voluntario que se encargara de crear el instituto en el Estado, la primera opción fue Sandra Delgado; ya que la labor comunitaria siempre ha sido parte de su vida.

“En mis años de chama hice trabajo voluntario en la comunidad. Por eso el llamado del licenciado Carlos Krisch lo asumí como una posibilidad de retomar raíces del trabajo voluntario que dejé en el camino, porque el IRFA es una gran proyecto que le da la posibilidad a las personas mayores de 15 años de estudiar y salir técnico medio”.

Sandra recuerda sus años de voluntaria con una sonrisa en el rostro, ha trabajado por la comunidad de San Luis desde muy joven, comunidad de la cual se siente muy ligada desde que llegó a vivir en ella a los 10 años. “Yo hice trabajo comunitario, junto a quien es ahora directora del Simoncito de esta comunidad. Éramos parte de un grupo juvenil aquí en San Luis que estaba asesorado por los sacerdotes y las hermanas salesianas, cuando teníamos 15 o 16 años y estudiábamos en el colegio. Atendíamos a un grupo de niños y adultos y les dábamos clases. Apoyábamos todos los planes comunales”.

Un comienzo accidentado

Sandra acepta que el inicio de cualquier emprendimiento no es fácil, y el IRFA en Trujillo no fue la excepción. Para el año que empezaron no tenían nada para trabajar. No contaban con sedes para dar clase, no tenían profesores que las dieran y no tenían ni el permiso de la zona educativa para acreditar a las personas que empezaran a estudiar en el instituto; pero lo que si tenían era la voluntad de llevar el proyecto adelante y el apoyo del Colegio Fe y Alegría.

“El IRFA comenzó en un pedacito de este colegio. En un salón amplio donde reunían a la gente nos cedieron como una especie de cuartico chiquitico y comenzamos sin nada. Aquí en la escuela nos prestaban hasta la grapadora”.

¿Cuáles fueron los pasos para que el IRFA arrancara en el estado?

- El primer paso fue captar voluntarios para dar clases, conseguí un grupo de voluntarios para que en septiembre se lograra comenzar con el primer grupo de estudiantes. También empecé con el trabajo de papeleo para tener el permiso de la zona educativa, porque en un principio iba a pertenecer a la zona de Mérida. Así comenzó el IRFA aquí en Valera, y de una vez también comenzó a funcionar el centro en Boconó.

¿Dónde daban y dan clases si no cuentan con sede propia?

- Las clases las dábamos aquí en el Colegio Fe y Alegría los sábados y todavía este apoyo se mantiene; el colegio fue como esa prima que nos prestó la estructura física y nos apoyo para iniciarnos. Cuando el IRFA comenzó funcionábamos en cualquier lado que nos dieran espacio; podía ser en la escuelita del pueblo o en la casa parroquial, donde fuera ahí estábamos nosotros, por eso tuvimos mucho auge cuando comenzamos en el estado Trujillo, y sobre todo en el municipio Boconó; Siempre hubo mucha posibilidad allí porque logramos meternos en pueblos como Niquitao y Burbusay

¿Cómo lograron captar a los voluntarios y convencerlos de que prestaran sus servicios?

- Aquí hicimos lo que siempre haces tú cuando quieres hacer un contacto. Empezamos a echar el cuento y le decías a alguna persona y ella te recomendaba a otra. En Boconó nos apoyamos en la escuela Fe y Alegría de ese municipio, en los profesores y en la directora para contactar personas voluntarias, dispuestas a dar clase los sábados. Por ahí se creó esa red e inclusive en Boconó existen voluntarios que tienen 10 años y van para 11 años. Asumen un rol en el que le dedican horas de su tiempo y de su vida a un grupo de gente.

La voluntad de estudiar

El IRFA tiene su fortaleza en las personas que dan clases voluntariamente y en los estudiantes mayores de 15 años que tienen el deseo de estudiar.

“Logramos tener un grupo pequeño pero había gente de Carache, de Boconó, del paramo que venían para acá a estudiar los sábados, personas que hicieron un sacrificio tan grande. Inclusive tenemos acá una compañera que empezó con nosotros con sacrificio, una persona que tiene tres hijos y familia, que ahorita salió de TSU en educación. Muchos de ellos pensaban que no tenían más posibilidades de estudiar porque era difícil. Quizás no todos pudieron continuar pero hay un compañero que está en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL), hay gente que ha seguido y eso me parece maravilloso. El primer grupo estaba conformado por 20 personas”.

¿Cómo fue trabajar en el IRFA?

- Recuerdo mucho que el trabajo del IRFA es un compromiso fuerte porque se hace mucho trabajo de calle para promover a la institución. En el IRFA conocí pueblos de Trujillo que no había conocido en toda mi vida. Hicimos un recorrido muy grande por el estado y lo bonito del paseo era la vista, el recorrido, pero también sumado a que nos tocó trabajar y agarrar colas y meternos en camiones y venirnos colgando, claro que era una situación diferente porque no había tanta inseguridad.

¿Qué desea para el IRFA?

- Deseo que el IRFA siga siendo una posibilidad para la gente. A mí me gustaría que el IRFA se siga consolidando, por lo menos en el caso de la radio que se nos quedó como un sueño. Siempre quisimos abocarnos a la parte de radio, tener la emisora acá, tener los programas, ser más fuertes, producir los micros aquí, ese fue un sueño que se quedó en el camino. Me gustaría que el IRFA tuviese su radio aquí como lo hay en otros estados.

¿Cuál fue la mayor satisfacción que tuvo como coordinadora del IRFA?

- Para mí la mejor satisfacción fue sacar la primera promoción del IRFA. El eslogan con el que nosotros trabajamos en el IRFA es “¿Quién dijo que se acabaron los sueños?”. Para una mujer que tiene su casa, tiene su familia y está llena de compromisos, el poder decir estudié representa algo muy importante.

Crónica de una toma anunciada



Recordar el Ateneo de Trujillo le provoca un poco de nostalgia. Se le escapa un suspiro mientras relata cómo fue que el lunes 13 de diciembre, mientras aún salía el sol, lo sacaron a él, junto a un grupo de ateneístas, de la sede en la que habían hecho vida por más de 10 años.

La barba blanca y poblada hace contraposición con su esc

aso cabello. Dos zarcillos en su oreja izquierda, uno en su derecha, zapatos deportivos, franela holgada y un caminar relajado hacen del profesor Pancho Crespo un bohemio consagrado. Su rostro alegre y lleno de energía se resigna ante ese suspiro de quién ve perder una parte de su vida.

“La toma del Ateneo estaba ya anunciada, nos avisaron el domingo que el lunes a la seis de la mañana iban a hacerlo, así que nosotros nos fuimos más temprano para ver qué pasaba” relata lentamente.

El candado de los portones del ateneo no sirvió para detener a quienes venían. Se acercaba un grupo aproximado de treinta personas y Pancho se percató que eran en su mayoría hombres, cuando a los lejos escuchó las voces que entonaban una consigna que poco a poco se hacía más fuerte.

“¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta que camina, la espada de Bolívar por América Latina!” gritaba el grupo identificado con franelas donde se leía Comando Cuicas. Caminaban rápidamente y entre sus manos no llevaban espadas pero sí machetes, con los cuales golpeaban el piso, las barandas de la reja del ateneo y posteriormente los alzaban en forma de victoria.

Pancho los vio llegar a la reja. Escuchó explosiones, eran morteros que cada vez retumbaban más seguidos. Poco a poco fue adentrándose con el grupo que se encontraba al patio de las instalaciones, intentando refugiarse en el lugar donde hasta hace poco tiempo se reunían para hablar de arte y organizar eventos culturales.

Escuchó caer el candado. Los pasos de quienes entraban gritando que se fueran, con machetes en la mano, eran cada vez más fuertes. Sus sentimientos no eran muy claros, una mezcla de emociones embargaba su cuerpo; tenía cierto miedo escondido por la rabia, la indignación y la impotencia ante lo que sucedía. A pesar de los llamados, la policía no llegaba.

Ver a alguien con un machete le causa más miedo a Pancho que ver a alguien con pistola, quizás porque siente que la agresión amerita mayor fuerza en los brazos, mayor rabia en la mirada. No obstante vio a un hombre con pistola disparar dos veces al aire y se dio cuenta de la gravedad del asunto. Después de más de media hora de discusiones escuchó, junto al grupo de ateneístas, el ultimátum. “Les damos diez minutos para salir o no respondemos de lo que aquí pase” dijo una voz fuerte mientras uno a uno los hombres con machetes se retiraban.

Ahora estaban solos mirándose, pero ninguno pensaba retirarse. Entraron a la oficina del ateneo en busca de refugio.

La toma que se estaba realizando ya llevaba tiempo pronosticándose. Se empezó a sentir la tensión desde el momento en que el ateneo se opuso a la postura del Gobernador del estado que, bajo la influencia del cronista Huma Rosario Tavera, aseguraba que Mario Briceño Iragorry era un traidor de la patria, y que debido a ello era necesario cambiar el nombre de la Biblioteca Central por el del General Antonio Nicolás Briceño.

A raíz de ello el director de educación del estado, Benito Flores, en unas declaraciones aseguró que al igual que se iba a cambiar el nombre de la biblioteca, también se pensaba tomar las instalaciones del Centro de Historia y del Ateneo de Trujillo. Desde ese momento ya estaba anunciado, lo que esa mañana de diciembre se estaba llevando a cabo.

Desde la oficina en la que se encontraba con sus compañeros, Pancho sentía transcurrir el tiempo y de repente sintió como los mismos hombres que se habían retirado escasos minutos atrás, volvían intentando derribar la puerta de vidrio para entrar hacia donde ellos estaban.

Golpe tras golpe la puerta estaba resistiéndose a ser tumbada, pero un golpe seco con un objeto, al que Pancho no alcanzó a ver, realizó finalmente el objetivo. Entraron dispuestos a sacarlos y lo lograron.

Empujones sin distinción de género ocasionaron que poco a poco ese grupo que se negaba a salir se diera tropiezos hasta el portón de la entrada. Pancho sintió un puntapié. “Literalmente me sacaron con una patada en las nalgas”.

Dos ateneístas llegaron corriendo a ver qué sucedía, pero ya la toma era inminente y lo único que recibió uno de ellos fue saliva en la cara y una amenaza preocupante.

Ya eran casi las ocho de la mañana y se dirigieron a la fiscalía a colocar la denuncia. Pancho no olvida como el fiscal los aconsejó de dejar las cosas así, pues en vez de victimas podían convertirse en victimarios.

A más de cuatro meses de haber sido agredido, Pancho confiesa estar con los ánimos un poco bajos, al igual que el resto de sus compañeros. Están tomando todas las medidas legales pero en el fondo no cree mucho en la justicia de este gobierno.

Ahora él forma parte de un grupo de ateneístas sin ateneo. Su espacio se ha tornado más virtual. Abrieron una cuenta en facebook bajo el nombre de Ateneo de Trujillo para no perder del todo su presencia.

Al abrir la pestaña del chat le pregunto a Miguel Viloria, quien maneja la cuenta del ateneo y fue miembro de éste por más de 10 años, cómo se sintió ese día de la toma. Una frase recoge el sentimiento común entre los ateneístas del estado: “Maltratado hasta los tuétanos, mija”.

lunes, 21 de febrero de 2011

El Pacifista

Una mano violenta se precipitaba a agarrar la cara de la mujer que intentaba, sin éxito, esquivar el maltrato que más que dolerle en el rostro le desmoronaba el alma. Aquel brazo que propiciaba tanto sufrimiento no tenía los hombros como sostén, sino que salía de la boca de un hombre con una mirada que encerraba rencor y cuyo rostro mostraba el sentimiento más dañino que la humanidad puede sentir: Odio.

Esa imagen se proyectaba sobre una pared de la sala Charles Chaplin de la sede Carmona del Núcleo Universitario Rafael Rangel (NURR). Esa fotografía era la entrada a la conferencia Comunicación para la Paz que sería dictada por el sacerdote jesuita Jorge Luis Mejía, quien trabaja en el Programa por la Paz en Colombia.

Antes de comenzar a hablar miró con una sonrisa dibujada en su rostro a la profesora que leía su hoja de vida con gran entusiasmo. La gran cantidad de labores realizadas por aquel sacerdote colombiano y que aquella mujer enumeraba una a una demoraba cada vez más el inicio de su conferencia.

El pantalón y camisa beige que tenía puesto le daban una semblanza sencilla pero respetable. Las líneas de expresión en su rostro y el blanco que llenaba parte de su cabello mostraban una edad que lo diferenciaba del grupo que tenía al frente, el cual estaba conformado por universitarios, en su mayoría estudiantes de Comunicación Social del Núcleo “Rafael Rangel” de la Universidad de Los Andes (ULA).

Con micrófono en mano, se recuesta al mesón que está a su espalda y alza la mirada para ver a quienes sentados le prestan su atención. “No todo lo que dice la Biblia es cierto” dice el sacerdote bajo el asombro de algunos. “La Biblia fue escrita por hombres y en ella se le atribuye a Jesús una frase completamente errónea: ‘El que no está conmigo está contra mí’. Yo no puedo creer que un hombre de paz como Jesucristo dijera eso, porque en esa frase se encierra la base de la violencia y el odio, se encierra la intolerancia del ser humano”.

La experiencia del sacerdote en el caso de la violencia en Colombia lo hace inclinarse cada vez más por una postura hacia la paz. “Los políticos colombianos no han entendido que la salida no es militar, sino precisamente política”, se lamenta mientras dirige la mirada hacia la imagen en la pared. “Creo que esa imagen dice todo por sí misma, el inicio de la violencia va en la palabra. Pero el problema no es la palabra, sino quien la dice y cómo la dice”.

La mirada de decepción y tal vez de frustración se percibe cuando aquel sacerdote asegura, mientras lleva su mano a la cabeza, “nosotros en Colombia siempre hemos admirado a Venezuela por darle la espalda a la violencia, pero lamentablemente las imágenes que nos han llegado de diputados en la Asamblea Nacional agarrándose a golpes nos hace pensar que eso está cambiando”.

Una sensación de escalofrío corrió por aquel salón, donde ninguno pudo negar esa postura que acababa de plantear. La polarización que enfrenta Venezuela ha llevado indudablemente al establecimiento de las condiciones necesarias para la configuración de un clima de violencia y de intolerancia.

“Los medios de comunicación no se pueden internar en este clima de confrontación, la salida se presenta al colocarse en la calle del medio, pero no es fácil. Muchos periodistas que han tratado de cumplir con su labor en un clima tan violento, como el colombiano, han sido amenazados y muchos de ellos asesinados” decía el padre con un tono bajo en su voz.

Pasa las diapositivas de la presentación y desaparece de la pared aquella desagradable imagen; ahora empieza a explicar la naturalización de la violencia. “Todo empieza cuando se polariza y se confunde a la persona con el problema, así que ya no se ven las causas del problema sino que la persona se convierte en el problema y se pierde el sentido inicial del conflicto. En ese momento ya no vemos un conflicto sino un enemigo al que hay que destruir”.

De repente en la pared se refleja un poema escrito por el filósofo americano Sam Keen, que lleva por nombre La creación del Enemigo. El sacerdote Mejía comienza a leerlo con voz pausada:

“Comienza con un lienzo en blanco

Esboza en él siluetas de hombres, mujeres y niños.

Hunde la brocha en el pozo de tu propia oscuridad

Dibuja en la cara de tu enemigo la codicia, el odio y la crueldad

que no te atreves a reconocer como propias…

Rellena el fondo de tu lienzo con los demonios y figuras malignas

que alimentan nuestras pesadillas ancestrales.

Cuando tu cuadro esté completo podrás matarlos sin culpa y despedazarlos sin sentir vergüenza

Lo que has destruido, simplemente, es un enemigo de tu Dios”


Después de una pausa para esperar que las personas internalizaran lo que acababan de escuchar, el padre Mejía dice con una sonrisa un tanto irónica: “La primera vez que leí este poema me pareció un poco exagerado, pero ahora me doy cuenta que Keen se quedó corto”.